El arte contemporáneo es un fraude: Avelina Lésper

Avelina Lésper, arte contempráneo
Foto: milenio.com

Para la crítica, Avelina Lésper, las obras de los artistas contemporáneos son un fraude, porque todas son ideas y el discurso es el único peso intelectual que poseen

No se está creando una historia del arte en este periodo sino un montón de textos académicos y curatoriales, pero no va a dejar obra y eso es una pérdida para la humanidad grandísima.

Hace unos años, durante la exposición Zona Maco de 2013, Julieta Aguinaco le explicaba a Avelina Lésper el concepto de su instalación artística llamada México-Tenochtitlán, conformada por varias cubetas con agua acomodadas en el piso de una de las salas de exposición, formando el territorio de la Ciudad de México.

“Se trata del pasado de la ciudad -le dijo-, de cuando era una ciudad lacustre y el Valle de México estaba lleno de agua. Por otro lado, aborda la problemática del agua que, ahorita, estamos sufriendo y que se va a poner peor. Y bueno, pues el arte es eso, comentar sobre la realidad”.

Avelina le confesó a Julieta que su pieza tenía un problema: no comunicaba nada al público sin una explicación añadida. Luego, agregó que vivimos en la época en que el arte no se conforma de hechos, sino de palabras. “La sola intención de haber convertido esas cubetas con agua en arte, las convierte en arte”, comentó y dio la estocada final a la expositora: “Yo soy crítica de arte. Para mí, esto no es arte”.

Avelina Lésper, arte contempráneo

DURA DE CONVENCER

Avelina Lésper se graduó en Literatura Dramática en la UNAM, es maestra en Historia del Arte por la Universidad de Lodz en Polonia y, en efecto, es crítica de arte; de las más directas y sinceras. Es de las que sin tapujos señala la falta de disciplina de la mayoría de los artistas de esta era, por lo cual se ha convertido en su antagonista, por excelencia. 

“El arte contemporáneo es un fraude”, confesó a un diario español en 2014. Por supuesto que sus palabras no son del gusto de los artistas. Pero ella no quita el dedo del renglón ni cambia de parecer; al contrario, refuerza su postura y afirma que “la carencia de rigor ha permitido que el vacío de creación, la ocurrencia, la falta de inteligencia sean los valores de este falso arte, y que cualquier cosa se muestre en los museos”.

En su artículo “Reflexiones del arte contemporáneo: Brevísimo diccionario de una impostura”, Avelina define a las obras de arte contemporáneo como conceptuales, porque “todas son ideas y el discurso es el único peso intelectual que poseen, y es el concepto lo que les da sentido como arte… Cualquier obra que hace de las ideas su gran valor real es conceptual. Si una obra es despojada de esas ideas y pierde sus sentido como arte, entonces no es arte”. 

Avelina Lésper, arte contempráneo
Obra de Gabriel Orozco (Asterisms)

Agrega, que pareciera que el artista contemporáneo vive dentro de una burbuja, porque no tiene contacto con el público, niega la crítica que no le es favorable y si alguien no le admira, es porque no entiende de arte; pero no va admitir que su obra está dejando al observador una sensación de insatisfacción o la perciba como un engaño.

LAS MALAS ARTES DEL MERCADO
Durante una entrevista realizada por el reportero Samuel Bossini, para el suplemento cultural del diario paraguayo ABC, Avelina explicó que el problema del arte son “las malas artes del mercado”, las cuales también están afectando a las artes plásticas y a la sociedad.

Afirma que en las primeras décadas del siglo XX, el marchante, o comerciante de obras de arte, buscaba a los artistas, les servía de mecenas y les ayudaba a exponer en galerías, porque sabía que hacer arte no era fácil, se lleva su tiempo y los artistas con talento no se encontraban a la vuelta de la esquina.

Sin embargo, hoy día, estos mercaderes sólo venden lo que está de moda. Quieren producción al vapor, “ready made”, porque se traduce en dinero fácil. Ahora, no promocionan a los buenos artistas sino que se comportan como corredores de bolsa, especulando el arte para recuperar de manera rápida la inversión.

Las revistas de arte son cómplices de ese mercado, promueven la especulación y sustentan el fraude. “Han puesto el arte al mismo nivel que un par de zapatos”, afirma Lésper.

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Obra de Gabriel Orozco (El Oroxxo)

Cuando Bossini le preguntó su opinión sobre las instalaciones, Avelina comentó que no son arte, sino decoración basura. La prueba es que “fuera del museo pierden su condición y retoman su valor original: son trastos, juguetes, sillas rotas, focos y objetos que no merecen estar en un museo”. 

EL ARTE EXIGE LA VIDA
Las escuelas de arte están engañando a los jóvenes, opina la crítica. Salen de la escuela con la idea de que son artistas, pero no saben dibujar, pintar ni trabajar con materiales. Más bien, los adiestran para que sean funcionales al mercado, para que aprendan a justificarse. 

“El arte toma años, exige la vida, es aprendizaje diario”. Ya no hay movimientos artísticos como antes, confiesa Avelina y pregunta: ¿por qué se motivaría la creación de un nuevo movimiento, si se puede hacer dinero con obras sin valor estético? En respuesta a esta cuestión, la crítica asegura que existen miles de oportunistas que no son artistas, pero que venden como si lo fueran, así como hay curadores que dominan las bienales, los museos y las ferias, porque no van a permitir que se acabe su mina de oro. 

¿Cómo puede un pintor vivir de su trabajo sin caer en las trampas del mercado? Avelina responde que el mercado es necesario para el arte, puesto que el artista vive de lo que gana con sus obras. Pero eso no le da derecho a engañar ni a hacer creer que un periódico arrugado es arte. 

Lésper considera que las casas de subastas hacen mucho daño al arte. Vender un Cézanne en cientos de millones de dólares deforma su verdadero valor como obra, porque la gente ve un montón de dinero, olvidándose de la belleza de la pintura.

“La especulación convierte a las obras en acciones. Es muy ingenuo pensar que el arte no podía ser pervertido por el dinero. Si por dinero está siendo destruida la naturaleza del planeta, y por dinero se hacen guerras, ¿por qué no iba a acabar con el arte?”

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Obra de Andy Warhol

Por ejemplo, dice, Warhol es un gran publicista, no un artista. Su obra es “una de las grandes mentiras del arte”.

En el caso de Duchamp, él no aportó nada al arte, opina Avelina. “El urinario no es de su autoría; es de la baronesa Elsa von Freytag-Loringhover, y tampoco es autor del texto que lo justifica”. Gracias a Duchamp la mediocridad tuvo acceso al arte. Él impuso que las palabras huecas valieran más que la obra misma. Por él, cualquier objeto puede convertirse en arte.

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¿QUÉ ES EL ARTE?
El arte, explica Avelina, es una manifestación del ser humano, en la que se puede ver talento y dominio en su realización. Afirma que el arte siempre se hace con altos niveles de maestría, lo cual es muy importante, porque significa que el artista ha dedicado su vida a aprender cómo hacer algo y a expresarse a través de ese algo.

“El arte es una forma muy sofisticada de expresión, en la que puede apreciarse lo que el artista trata de decir y cómo trata de decirlo; con qué dominio de la pintura, de la música, del dibujo lo está haciendo. Por lo tanto, lo primero que debe verse en una obra es el talento, la inteligencia, el dominio de una técnica y maestría. Si no se ven estos factores en una obra, no conmueve y, por lo tanto, no comunica”.

El arte trasciende, explica. Si se está ante una obra que no es capaz de trascender su momento histórico, que caduca en la galería misma donde se está exponiendo, o que fuera de ésta no puede ser llamada “arte”, entonces no es arte. Si esa obra se saca de la galería, se pone en la banqueta, a nadie le conmueve, pasa el camión de la basura y se la lleva, entonces no es arte.

“Una obra de arte es arte fuera de su tiempo, fuera del recinto y fuera del momento en que fue creada”. Por eso, un cuadro que fue pintado hace 500 años conmueve y sigue gustando; porque traspasó su momento histórico.

 Por lo tanto, el “ready made” no es arte. Si el artista no es capaz de transformar la realidad y, más bien, toma un pedazo de la realidad para colocarla en un museo, esa persona no es artista y su objeto no es arte. No por llevar las ollas de la casa al museo, éstas se convierten en arte.

 Por todo lo anterior expuesto, Avelina nos aconseja que como público no nos dejemos llevar por la moda ni intelectualización de las obras; más bien, aprender a ver la belleza del arte, apreciar su estética y opinar de forma abierta, sin miedo, en caso de que la obra no sea de nuestro agrado. “Que el mercado entienda que no engaña a nadie”. 

También pide a los artistas que vean su propia obra con humildad, que no piensen que ya están hechos como artistas porque el arte se aprende día con día, con cada obra. “El arte es lo que trasciende, no las palabras”.

“Lo primero que debe verse en una obra de arte es el talento, la inteligencia, el dominio de una técnica y maestría del autor. Si no se ven estos factores en una obra, no conmueve y por lo tanto, no comunica”

Avelina Lésper / Crítica de arte

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