¿Por qué necesitas dejar de comer azúcar añadida?

AZUCARAzúcar – Este compuesto orgánico es el principal combustible que provee de energía a las células del organismo. También a las neuronas de nuestro cerebro el cual, al igual que el de todos los mamíferos, necesita un aporte constante de glucosa para funcionar.

Aún así, la OMS recomienda reducir el consumo de azúcar libre (la que se añade, no la que se encuentra de forma natural en algunos alimentos como la fructosa, en las frutas) por debajo del 10% de la ingesta calórica total del día, e incluso anima a que este consumo baje del 5%, pues «produciría beneficios adicionales para la salud». 

De dónde obtenemos la glucosa

La glucosa, pues, es un componente esencial para la vida, y en concreto para el correcto desarrollo de las funciones cerebrales. Sin embargo, aunque sea un azúcar simple o monosacárido, no hay que tomar azúcar ni alimentos dulces para que el organismo cuente con la cantidad necesaria, un argumento al que frecuentemente recurre la industria de la alimentación para justificar la inclusión de azúcares en los productos que comercializan.

En efecto, si una persona adoptara una dieta libre de azúcar, no supondría problema alguno: el organismo tiene varios mecanismos para obtener glucosa», apunta De Cangas. «Además de obtenerla a través de la alimentación, nuestro cuerpo puede sintetizarla a partir del glucógeno, un polisacárido almacenado en el hígado y, en menor cantidad, en los músculos. También se genera glucosa a partir de unos productos de desecho de las grasas llamados cuerpos cetónicos, los cuales, en situaciones de hipoglucemia (bajo contenido de azúcar en sangre), pueden suplir esa carencia». Otras fuentes de energía son los ácidos grasos. «La grasa se almacena en forma de triacilglicéridos (una molécula de glicerol y 3 de ácidos grasos). En los humanos los ácidos grasos no pueden originar glucosa pero el glicerol sí, aunque en cantidades mínimas».

La cantidad justa: ni mucha ni demasiado poca

En definitiva, todos los alimentos que ingerimos acaban siendo reconvertidos, en mayor o menor medida, en glucosa, es decir, en energía para el organismo. En especial, el tipo de alimentos de más fácil reconversión es el grupo de los carbohidratos. Estos incluyen los azúcares libres que se añaden a infinidad de productos, pero también muchos otros, como los cereales, tubérculos, legumbres, productos lácteos, frutas y verduras. Si llevamos una dieta saludable y nuestro organismo funciona bien, no hay de qué preocuparse: el aporte de glucosa está asegurado, aunque no comamos pastelitos nunca más.

Ya se ha ocupado la evolución de contar con recursos para obtener el principal aporte de energía celular.

Pero, como es sabido, el organismo puede fallar por múltiples razones, también en lo que respecta a la obtención de glucosa. Cuando el aporte no es el necesario, es decir, cuando la cantidad de glucosa en sangre es excesiva o insuficiente, se produce, respectivamente, hiperglucemia e hipoglucemia.

Así que no es necesario añadir azúcar ni en bebidas, comidas ni postres, consumirlos como golosina de vez en cuando es lo correcto, pero consumirla día tras día es lo que ha provocado problemas de obesidad y otras enfermedades actuales.

¿Puedes romper ese paradigma impuesto por la sociedad de consumo?

Fuentes: Mundo Diverso / Eva van den Berg EL PAÍS

 

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